Mientras se busca prohibir los celulares en las escuelas, en los reclusorios siguen apareciendo teléfonos que son utilizados para realizar llamadas de extorsión a ciudadanos.

¿Por qué tanta mano dura con el celular de un estudiante y tanta dificultad para impedir que un teléfono llegue a un penal y termine en manos de un extorsionador?

La prioridad debería ser clara: primero seguridad para las familias y cero celulares dentro de los penales.

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